El Camino de Santiago de Gran Canaria es la ruta que une la iglesia de Tunte, en el sur de la isla, con el Templo Matriz de Santiago de los Caballeros de Gáldar, en el noroeste de Gran Canaria. Este último, perteneciente a la parroquia de Santiago de los Caballeros, la más antigua de la isla fundada en 1486.

La ciudad de Gáldar ha estado vinculada a la tradición Jacobea desde antes incluso de la culminación de la conquista, como informa la Diócesis de Canarias. De hecho, en 1481 se celebró la primera misa. En el proceso de asimilación de la cultura europea, los conquistadores establecieron la advocación jacobea en la que fuera primera capital de Gran Canaria.

En el año 1965 el papa Juan XXIII otorga bula papal en la que establece en Gáldar los mismos privilegios del año jubilar compostelano a los peregrinos que visiten el Templo de Santiago. Bula que es renovada en 1971 y en 1977, por Pablo VI.

El papa Juan Pablo II, en el rescripto de 24 de junio de 1992, concede “in perpetuum” las gracias jubilares a Gáldar a partir del Año Santo Jacobeo de 1993.

Camino de Santiago de Gran Canaria

Peregrinación entre volcanes

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Etapa 1: Maspalomas – Tunte

De las tres etapas de ruta jacobea insular, esta es la más dura sin lugar a duda tanto por la distancia recorrida como por el ascenso hasta la Degollada de la Manzanilla (1161 m) y la dificultad de avituallamiento durante el camino, pero la belleza del recorrido bien vale el esfuerzo. Debido a las altas temperaturas que alcanza la zona en verano es recomendable ir bien provistos de agua, ya que en el camino es difícil encontrar y es aconsejable hacer el recorrido acompañado. En invierno, si bien las lluvias no son muy frecuentes, la cantidad de agua que descargan cuando se producen dota de cierta peligrosidad ciertos tramos del camino.

Nuestro recorrido se inicia en Maspalomas y nos conduce hasta la cumbre, en el centro de la Isla, desde donde nos dirigiremos al Norte. Abandonamos la playa, las dunas y las palmeras de Maspalomas, presididas por el Faro, construido a fines del siglo XIX por Juan León y Castillo, para adentrarnos en el parque natural de Pilancones. Allí, el símbolo vegetal de la Isla, el cardón, especie endémica y símbolo natural de la isla (Euphorbia canariensis), vigila nuestros pasos. El barranco destaca por la altura de sus paredes y las formas que adopta la piedra, moldeada por la acción continua de los elementos durante siglos.

El camino se dirige a la cumbre de la Isla sobre la vertiente meridional. Atrás, en la desembocadura, se abandonan las Dunas de Maspalomas para caminar, en la cuenca de Fataga, sobre rocas fonolitas y traquitas ignimbritas. La humedad disminuye a medida que se va dejando la costa. Los arbustos de la zona, verodes, tederas y tabaibas, dan testimonio de ello.

Desde las dunas y el mar se llega a la Caldera de Tirajana. Se trata de una enorme caldera tallada por la erosión durante millones de años y abierto hacia el Sureste por el barranco del mismo nombre. La Caldera de Tirajana, por su monumentalidad y por su importancia arqueológica, es uno de los santuarios de la naturaleza y de la historia de Gran Canaria. San Bartolomé de Tirajana es el final de la primera etapa. En Tunte, nombre prehispánico con el cual es conocida la población que es el centro del municipio, la iglesia de San Bartolomé Apóstol, donde se encuentra la imagen de Santiago Apóstol, y el cementerio neogótico son edificios que se suman a otros lugares de obligada visita: los caseríos de Ayagaures; la necrópolis de Arteara o el conjunto de casas típicas de Fataga.

Etapa 2: Tunte – Llanos del Garañón – Cruz de Tejeda

En la plaza de Tunte se inicia nuestra segunda etapa. Dejando a nuestra espalda la puerta principal de la iglesia, se toma la izquierda para volver sobre los pasos que nos condujeron al pueblo. Tras ascender por las empedradas calles, atrás se deja una pronunciada curva hacia la izquierda y otra a la derecha. Tras sortear este duro zig-zag, se continúa la subida sin desviarnos. Se puede contemplar, arriba, la entrada del cementerio local. Al llegar a su puerta, iremos hacia la derecha y se llega a una intersección en la que cruzaremos por el paso de peatones para, seguidamente, girar hacia la izquierda y no desviarnos hasta encontrar la señal de madera del Camino de Santiago que nos conducirá hasta la Degollada de Cruz Grande. No se abandona este sendero ascendente hasta llegar a una carretera asfaltada. Hay que tener cuidado al cruzar esa carretera, pues atrás hay una curva sin visibilidad.

Después de cruzar la carretera, se camina hacia la derecha y, a los pocos metros, encontramos, a nuestra izquierda, la continuación del camino que conduce a la cumbre tras pasar al lado de una vivienda privada. Desde aquí, el sendero asciende hasta uno de los puntos más indescriptiblemente grandiosos de la ruta: el Paso de La Plata.

Después de sortear las rampas de este importante paso, se llega a los Llanos de Pargana. El paso del tiempo y su uso continuado por comerciantes y ganaderos definen en la roca un sendero en forma de roca gastada, perceptible incluso de noche con algo de luz o si en el cielo luce la luna llena.

Los pinos y los pastizales, que nos acompañan, han dejado su impronta en los topónimos de la zona, bastante llana si exceptuamos el ascenso desde la Degollada de la Cruz Grande.

En la Degollada de los Hornos, el camino se cruza con otro que, a la derecha, desemboca en los picos del Campanario y de Las Nieves (1949 m), cumbres de la Isla. Nuestros pasos se encaminarán, sin embargo, al frente, en ligera bajada, en dirección a los llanos del Garañón.

Terminada esta parte del sendero, un cartel de madera señala el “Camino de Santiago”.

Tras un camino ancho formado por las huellas de vehículos en la tierra junto a la Zona de Acampada Reducida de los Llanos de Bailico, el sendero permite evitar la carretera.

Finalizado el sendero, se cruza la carretera en dirección a los Llanos de Garañón, en cuyo campamento hay una fuente con agua potable.

El camino que parte desde El Garañón es sencillo y conduce a la Cruz de Tejeda, cruce de vías de toda la Isla y lugar de paso obligado para el viajero. A la derecha, se camina sobre pista de tierra y cemento hasta encontrar una señal de madera que indica la dirección de la Cruz de Tejeda. Nos guiaremos por las marcas amarilla y blanca que nos conducirán, a través de un pinar en leve ascenso hacia una encrucijada marcada con señales de madera. De frente, se abren dos senderos descendentes. El de la derecha, marcado con una “X” en amarillo y blanco, no lleva a ninguna parte por lo que se ha de proseguir por el sendero de la izquierda (al cabo de unos metros, pintada en una piedra, se halla la marca de sendero correcto: dos barras paralelas). Este sendero continúa sobre un lecho de pinocha hasta un camino empedrado que llega a una cornisa desde donde se puede contemplar la Caldera de Tejeda. La caldera, surcada por abruptos barrancos, está coronada por dos de los símbolos geológicos de la Isla: el Roque Nublo y el Roque Bentayga.

El origen del Roque Nublo está en los paroximos volcánicos que destruyeron montañas enteras en el centro de la Isla. Las avalanchas de barro, bloque y lava arrastraron y acumularon fragmentos de roca y vegetación a su paso. El Nublo es el resto erosionado de una de aquellas gigantescas planchas. Esta “pasta volcánica” cubre, como un manto de aspecto y color singulares, el 30% de Gran Canaria.

A partir de ahora, se inicia el descenso hacia la Montaña del Andén del Toro. En este tramo, un camino de tierra blanca que conduce al lado de una tubería de metal, hemos de tener cuidado para no resbalar. Al final del descenso, se llega a un cruce, a cuya derecha está la carretera GC-150 y, a la izquierda, el camino que llega hasta La Degollada de La Cumbre. Tras 15 metros de marcha se toma el sendero a la derecha, que transcurre sobre tierra roja.

Este sendero desciende hasta la Degollada de Becerra, mirador de la Cuenca de Tejeda, que cuenta con un centro de interpretación de la biosfera y vulcanología de Gran Canaria. De ahí parte el camino empedrado en la margen izquierda de la carretera que conduce hasta la Degollada de Los Molinos. Tras un trecho sobre asfalto, se recupera el sendero y se rodea el margen derecho de la Montaña de La Huerta. Sobre la cornisa que conduce hasta el Morro de la Armonía, o Montaña de la Almagria, se bordea la vertiente occidental y, por un sendero, se desemboca en la Cruz de Tejeda.

En la Cruz de Tejeda está ubicado el Parador Nacional, además de restaurantes y puestos de venta ambulante. Es un lugar ideal para descansar. El pueblo de Tejeda se halla unos kilómetros más abajo. Si las fuerzas nos acompañan, hay que retroceder y, al llegar a la primera bifurcación del camino por el que hemos llegado hasta aquí, se desciende hacia la derecha por un sendero que, después de cruzar la carretera varias veces, llega hasta el pueblo de Tejeda, localidad muy cuidada y conservada donde merece la pena pernoctar. Disfrutar de este pintoresco lugar de la Isla no tiene precio. Otra opción para llegar al pueblo son los servicios de transporte (taxis y guaguas) que hay en el lugar.

Etapa 3: Cruz de Tejeda – Pinos de Gáldar – Santiago de los Caballeros de Gáldar

Nuestro camino hacia Gáldar, que pasa por la Montaña de los Moriscos, forma parte del Camino de la Plata. El camino une los dos centros jacobeos de la Isla y por él circulaban los romeros.

De la Cruz de Tejeda se parte hacia los Pinos de Gáldar por la trasera del Parador Nacional. A unos 200 metros a la izquierda aparece la pista que asciende entre pinos hasta un estanque, a unos 150 metros. Pinos, retamas, codesos, salvias, tomillos y castaños acompañan al peregrino. Tras una pendiente acusada, continúa en llano a través de la ladera oeste del Monte Constantino hasta llegar al mirador de la Degollada de las Palomas. Aquí nace el Barranco de Crespo y se observa una panorámica del norte de la isla.

Desde aquí se asciende por un sendero con inicio empedrado que comunica con la pista forestal de los Moriscos. Tras un kilómetro de recorrido por esta pista, en dirección a la Cruz de los Moriscos, cien metros antes de llegar a la misma nos desviaremos a la derecha por el Lomo de la Arena en dirección a la Caldera de Pinos de Gáldar, desde donde se divisan unas maravillosas vistas.

El descenso se realiza por una senda de picón de medio kilómetro de longitud, entre un joven pinar canario de repoblación, castaños achaparrados por las condiciones climáticas que sufren, y retamas amarillas. Al alcanzar la carretera que viene de la Cruz de Tejeda, se recorren unos 200 metros con el cono volcánico del Montañón Negro a la vista: excelente atalaya sobre el cuadrante norte de Gran Canaria. Es uno de los volcanes más recientes de la isla, con más de 3000 años de antigüedad. Este tiene una superficie de 800 por 500 metros en planta aproximadamente y 192 de altura. La boca, abierta hacia el Noreste, arrojó enormes cantidades de piroclastos que se mezclaron con los de la Caldera de Los Pinos de Gáldar y cubrieron más de cuatro kilómetros cuadrados. Las coladas de lava discurrieron por los barrancos de La Virgen y Aguas de Fontanales.

En la Montaña del Capitán, se abandona la carretera y se toma el sendero de tierra, de unos 600 metros de longitud total, que pasa por los bancales habilitados para la repoblación en la vertiente occidental de la montaña. El tomillo salvaje y la retama amarilla sustituyen al pinar. Atravesamos la carretera de Cruz de Tejeda y continuamos con dirección norte hasta conectar con la carretera GC-21, a unos 150 metros del mirador de la Caldera Pinos de Gáldar.

El sendero continúa por La Cuesta de Los Pinos, de acusada pendiente, en la margen occidental de la Caldera, a través de una antigua cañada flanqueada por muros de piedra seca, hasta la encrucijada de caminos del Lomo de Los Galeotes. El sendero de la derecha va hacia Teror, el de la izquierda a Artenara y el de frente, por el que nosotros continuaremos nos llevará hasta Gáldar. En el cruce permanecen los muros de piedra en los que se controlaba y marcaba el ganado: de nuevo los vestigios del uso ganadero del camino, que aún pervive, aunque testimonialmente.

Desde este punto, siguiendo por la cresta del Lomo de Los Galeotes, sólo hay muro a la derecha que fija los límites de Guía y Gáldar. El pinar está al este del muro, en el lado de Guía, y el pastizal adquiere mayor importancia. Puede verse algún rebaño en Los Galeotes o en otros lomos cercanos, como el del Caballo, al Oeste.

Al llegar a El Cabezo, el sendero desciende hacia el área recreativa del Pavón, a través del lomo del Pavoncillo y la carretera GC-702.

En nuestro descenso, los pastos alternan con pinos repoblados y, poco a poco, el matorral va adueñándose del terreno: en la parte alta, los codesos, que florecen en mayo, y los escobones; más abajo, hacia la costa, tabaibas, tajinastes blancos, verodes y hierbas de risco.

Al llegar al cruce del área recreativa nos desviaremos por una pista asfaltada de 400 metros en dirección a la montaña Buenaventura. A la derecha hay pinos de repoblación y a la izquierda hay fincas agrícolas. La pendiente se acentúa y la ruta sigue a barlovento de la Montaña Grande. Continuamos por pista unos 200 metros de longitud, delimitada por los muros de piedra de las fincas, que nos conduce a Las Montañetas, donde seguiremos una senda de tierra de 200 metros, a ratos empedrada.

Una pista de asfalto nos conducirá por la vertiente occidental de la Montaña Buenaventura hacia el Lomo del Vinco. Dejaremos atrás la Majada de la Carreta y atravesamos la carretera GC-710 y los Llanos de Lucena, en dirección a la Degollada de Los Caideros. Desde aquí el camino transcurre por una pista de medio kilómetro en la vertiente suroriental de la Montaña del Acebuche. Desde allí podremos ver terrazas de pastos de Troya.

Descenderemos en dirección a la Cueva de Sosa hasta llegar a una parada de guaguas en la carretera GC 220, donde tomaremos la dirección hacia Hoya de Pineda. El recorrido pasa por la Majada de los Dones y la Degollada del Viento, pórtico del barrio de El Saucillo asentado sobre el Llano del Poleo, paisaje dominado por la actividad ganadera.

Los rebaños de ovejas pastan en la zona hasta que, a principios de verano, comienza la trashumancia, ejemplo del pastoreo tradicional. Es entonces cuando los pastores conducen a las ovejas hacia la Caldera de Tejeda, donde durante una larga temporada permanecen en cuevas de ocupación temporal por la humedad y la protección de los ecosistemas.

Tras pasar el Llano del Poleo, existen varios atajos que acortan el trazado de asfalto, y nos dirigimos hacia el barrio de Tegueste.

Desde aquí, a la derecha podemos observar cuevas de origen prehispánico en los Lomos de Alguacilejo, al frente, una cantera al aire libre excavada en la toba volcánica de la Montaña de Coronado. El camino sigue por la carretera que conduce a Gáldar durante unos 400 metros. La abandonaremos por la izquierda para tomar un sendero. Atajaremos una curva para retomar la carretera una decena de metros más adelante que nos dirige a La Degollada, tradicional asentamiento prehispánico situado al pie de la Montaña de Guía. A nuestra derecha queda la Hoya de Pineda, importante enclave cerealista tradicional y centro locero.

Una senda de casi un kilómetro, en su mayor parte de tierra, conduce al pago de Anzofé, conocido también por Anzo, en las laderas de la vertiente occidental de la Montaña de Guía.

La vegetación de la zona está presidida por el tabaibal-cardonal, junto a taginastes blancos, verodes, vinagreras, hierbas de risco, pitas y tuneras. Además, el barranco alberga el único palmeral del camino. En este pago donde se encuentran las primeras fincas de plataneras, presencia constante durante el resto de nuestro camino.

Tomamos una desviación a la izquierda, que pasando por los límites de la propiedad de la Hacienda de Anzo, por el Camino de San José, y atravesamos la Autovía GC-2 por un paso subterráneo, y continuando por el Callejón de La Palma, entramos en el núcleo urbano de Gáldar.

La carretera principal asciende hasta el inicio de la calle Capitán Quesada, entrada en la antigua capital insular que nos conducirá hasta el templo jacobeo de Santiago de los Caballeros de Gáldar.